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Una actualización de seguridad de Windows 11 rompe una función de seguridad
Hay contradicciones que parecen escritas a propósito. La actualización de seguridad de octubre para Windows 11 ha conseguido que algunos usuarios no puedan activar Smart App Control, precisamente una de las protecciones que Microsoft incorporó al sistema para impedir la ejecución de aplicaciones maliciosas o poco fiables. El fallo afecta a KB5127648 en Windows 11 24H2, 25H2 y 26H2, y se manifiesta de una forma muy concreta: quienes tenían Smart App Control desactivado pueden encontrarse ahora con su interruptor en gris y sin posibilidad de volver a habilitarlo. Los equipos que ya lo utilizaban antes de actualizar mantienen la protección activa.
Smart App Control no es una herramienta destinada a acelerar ordenadores modestos, como se ha llegado a afirmar en algunas informaciones, sino una capa adicional de seguridad. Windows combina información sobre la reputación de las aplicaciones con la firma de código para decidir si un ejecutable parece fiable antes de permitir que funcione. La idea es bloquear malware, programas potencialmente no deseados y software desconocido antes de que llegue a ejecutarse. Por eso resulta especialmente poco afortunado que sea una actualización destinada a mejorar la seguridad del sistema la que temporalmente dificulte activar esa protección.
El fallo tiene además una ironía adicional para cualquiera que recuerde cómo nació Smart App Control. Cuando hablamos por primera vez de esta función en 2022, una de sus principales limitaciones era difícil de defender: para activarla había que realizar una instalación limpia de Windows 11. Microsoft justificaba aquel requisito por la necesidad de evaluar el sistema desde un estado conocido, pero en la práctica obligaba a reinstalar Windows para acceder a una función que debía simplificar la seguridad. La compañía tardó años en eliminar esa condición y permitir finalmente activar o desactivar Smart App Control sin semejante operación. Ahora, poco después de resolver aquel problema, una actualización ha dejado inutilizable precisamente el interruptor que hacía posible hacerlo.
Microsoft ya reconoce la incidencia y ofrece soluciones provisionales mientras prepara una corrección definitiva. Para equipos individuales, la compañía propone modificar dos valores del Registro de Windows y reiniciar después el sistema. En entornos administrados también ha publicado directivas específicas que permiten recuperar temporalmente la capacidad de activar Smart App Control. Funcionan, pero difícilmente puede considerarse una experiencia especialmente elegante: una función de seguridad pensada para usuarios normales vuelve a requerir tocar mecanismos de administración del sistema porque Windows Update ha dejado de ofrecer el camino sencillo.
KB5127648 tampoco llega en un contexto especialmente favorable. La actualización mantiene otros problemas conocidos relacionados con Escritorio remoto y puede provocar incidencias de autenticación en redes que todavía dependen de configuraciones antiguas de NTLM y MS-CHAPv2, aunque en este último caso hablamos de un endurecimiento deliberado de seguridad y no simplemente de otro error. También se han comunicado problemas adicionales tras las actualizaciones de octubre, pero no todos cuentan todavía con confirmación oficial de Microsoft. No cuesta identificar el patrón: Windows 11 lleva años acumulando actualizaciones que corrigen vulnerabilidades o fallos mientras introducen regresiones inesperadas en otras partes del sistema.
Ese histórico es lo que hace que un problema relativamente acotado como el de Smart App Control tenga más peso del que tendría de forma aislada. No es la primera vez que una actualización acumulativa obliga después a publicar otra corrección, ni la primera que algo que funcionaba deja de hacerlo tras instalar un parche recomendado. Durante años hemos visto problemas con rendimiento, menús, impresoras, audio, juegos, autenticación, escritorios, recuperación del sistema y todo tipo de componentes. Ninguno de esos episodios por separado define Windows 11, pero juntos han generado una situación bastante peor: que una nueva actualización pueda llegar acompañada de la pregunta sobre qué habrá dejado de funcionar esta vez.
Microsoft solucionará casi con toda seguridad este fallo de Smart App Control y el interruptor volverá a comportarse como debería. Esa es la parte sencilla. Más difícil resulta corregir una expectativa que Windows 11 lleva años construyendo actualización tras actualización. Smart App Control necesitó cuatro años para desprenderse de una limitación absurda y apenas unos meses para encontrarse con otra por accidente. El parche para este error llegará; el problema de confianza en Windows Update lleva bastante más tiempo pendiente de solución.
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